15 ene. 2012

De comienzos y esperanzas: noticias desde México


(El Canto de la franela)
Columna del Escritor y Editor Mexicano
Emanuel Alvarado - NAMOX

Me resulta sumamente grato y familiar poder compartir estas líneas con los lectores de América del Sur, especialmente con Argentina y Chile, donde he hallado tan buena camaradería, producto de un viaje inolvidable. Grato, por cuanto lo poético puede comunicar de un alma a otra alma y en ese sentido aportar a la civilización, tejer puentes y compartir destinos. Familiar, porque la lengua española nos une, porque el imaginario colectivo se ejerce con tilde, eñes y zetas, porque nos nutrimos de un habla que llevamos en la sangre y nos hace escucharnos sólo con acentos diferentes; por eso maravillosamente distintos en la igualdad al escucharnos como uno.

Abrazo a los amigos de General Madariaga, Córdoba, Rosario y Bs. As., en la Argentina; a los amigos de Antofagasta (¡vaya nombre!), Andacollo, Coquimbo y Santiago, en Chile. Saludo por supuesto a todos los lectores, con quien espero intercambiar ideas, reflexiones y sueños que son una manera de fraternizar y dialogar.

Es difícil sustraerse de las infames modas traídas a todas las festividades bajo un cada vez más asfixiante consumismo. Una maquinaria perfectamente aceitada para uniformar al mundo. Tal vez por ello no puedo ―aunque de todo corazón lo quisiera― desearles un buen año nuevo, porque al pronunciarlo me siento utilizado por esa feroz maquinaria de la comercialización humana.

Pero además, porque sé que no lo será, pues tendremos elecciones multimillonarias. Ya que, según la Fundación Internacional para Sistemas Electorales (IFES), las elecciones en México son las más caras de América Latina. Se estima que cada voto les costará a los contribuyentes mexicanos más de 17 dólares, mientras a los argentinos les cuesta menos de 2 dólares, a los uruguayos menos de 4 y a los brasileños menos de 1 dólar. Pero además tendremos más muertes provocadas por un régimen que se defiende acusando que “alguien debía hacerlo” (y creo que ningún otro lo hubiera hecho tan torpemente: más de 60 mil muertes en lo que va del sexenio del Calderón, según el semanario Zeta, lo que significa que en ninguna otra parte del mundo muere más gente, incluidas las zonas en conflictos bélicos). Porque cada vez tenemos menos petróleo (reservas probadas para diez años, según el periódico La Jornada), cuya extracción aún sostiene nuestra economía. Y porque en suma no veo por dónde saldremos si no logramos los ciudadanos involucrarnos y organizarnos para minimizar de una vez por todas los descalabros a los que están acostumbrados los políticos, gobernantes o no, representantes populares o plurinominales, y casi toda esa masa parasitaria de burócratas servidores públicos que tiran el dinero tal y como lo ganan: sin hacer nada.

He tratado de perfilar esta columna con objetividad, ejerciendo la crítica hacia lo que observo en el acontecer diario, sumando mi voz a muchas otras voces que intentamos en ello ofrecer un viraje al rumbo de calamidad y pesimismo que aparecen a través de incontables medios. No porque no veamos o tratemos de no ver aquello que es común en miopes imágenes o demagógicas palabras que saturan la televisión: violencia, violencia y más violencia. O porque no escuchemos las voces llenas de parcialidad y frivolidad en las radios comerciales: injusticia, injusticia e injusticia. Incluso, que ignoremos las letras impresas de infinidad de revistas y diarios que reproducen ideas llenas de simpleza, dictadas y repetidas como propias o ajenas en las también imprentas propias o ajenas: corrupción, corrupción y corrupción (el peor mal, la maldición eterna de un país como México).

La comienzo en un año saturado de best-seller que pronostican el fin del mundo. A los que ya se oponen otros tantos que anticipan la equivocación, aclarando que “aún no será el final, que todavía falta”. Donde lo único que se está acabando es la capacidad de asombro, ya que de verdad no los asombran los muchísimos miles de muertos ―del sexenio― ni las cientos de muertas ―por agresión sexual y ahora por narcovenganzas―, tampoco los niños, adolescentes y jóvenes que ya son consumidores, distribuidores y capos organizando el crimen de un país desorganizado en lo elemental: la educación (secuestrada por una mafia disfrazada de sindicato). Y separo niños, adolescentes y jóvenes para señalar que el problema es mucho mayor, cruel e inhumano.

Abro este espacio de reflexión para divulgar una serie de intereses que me son propios, tanto como lo son de numerosas personas. Y tratar con ello de contribuir a que palabras como cultura, lectura, democracia, educación, ciudadano, compromiso y consciencia sociales cobren su verdadero sentido. Y no como las palabras Bienvenido paisano, relegadas a un programa gubernamental mexicano lleno de prejuicios hacia los trabajadores migrantes, que con tanta dignidad, en las peores condiciones laborales, constituyen e ingresan el importante tercio de la economía nacional.

Mi ámbito es el de la cultura, pero a veces, como hoy ha ocurrido, atenderé una urgencia capital: volveré los ojos a donde es necesario mirarnos.

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