31 oct. 2010

FRENTE A MARIO VARGAS LLOSA


Muchos años debió esperar el genio narrativo de Vargas Llosa para lllevarse el Nobel de Literatura. Un galardón muy merecido para un maestro de maestros, para un hombre que ha escrito -junto a algunas ficciones- muchas realidades.

por José G. Martínez Fernández


Un día de 1969 tuve la ocasión de ver en persona a Mario Vargas Llosa, allá en la Sede Velásquez de la Universidad de Chile, en Arica. El Aula Magna estaba llena de público.

Entre los que yo conocía habían varios profesores universitarios de Literatura de la misma Universidad: Enrique Margery, Eloy Cortínez y Óscar Hahn, entonces un poeta poco conocido y que está, casi seguro, a dos años de coronarse con el Premio Nacional de Literatura.

A mí me había enviado el director del diario LA CONCORDIA, Raúl Garrido García, quien admiraba profundamente al novelista.

En ese mar de público saludé a mis conocidos, entre ellos a Hahn.

Luego Hahn fue acosado por Cortínez, quien le decía que tenía que estar en el escenario principal junto a Vargas Llosa, pero el poeta no deseaba...incluso se puso rojo ante tanta rogativa. Al final, cedió.

En esa mesa de grandes hombres destacaba el ya consagrado Vargas Llosa y el prometedor Óscar Hahn.

Vargas Llosa fue el centro de todas las miradas y sus palabras fueron escuchadas con una actitud silenciosa que señalaba cuánto interés despertaba el autor de LA CIUDAD Y LOS PERROS.

Habló de los problemas sociales y de Latinoamérica. También de sus vivencias como escritor, como espectador de una sociedad dolorosa y echó a andar un poco su ironía frente a algunos hechos.

Cuando el director de LA CONCORDIA me pidió que le contara qué había sucedido le conté algo de aquello. Al día siguiente el título principal del diario llevaba una frase de Vargas Llosa.

Hoy, a 41 años de ese hecho, tengo una sensación sublime al recordar al novelista hacedor de una narrativa histórica, testimonial, irónica, alegre...

Yo leí, posteriormente, varios libros del gran arequipeño...En 1971 o 1972 los comenté en el diario señalado.

Si hay un novelista grande vivo en la lengua española Mario Vargas Llosa lo es.

Sus novelas nos han marcado tanto como las de García Márquez, Alejo Carpentier, Ernesto Sábato, Roberto Bolaño...Hombres que cuentan las vivencias -dolores y alegrías- de otros hombres, los hombres corrientes; que, sin embargo, dejan de serlo cuando los novelistas mayores los hacen personajes de sus textos.

El Premio Nobel a Vargas Llosa es lo más justo que pudo haber hecho la Academia Sueca. Ya estaba bueno de tramitaciones.

En 2007, días antes que se otorgara el Nobel de ese año, escribí una crónica publicada en varios medios que titulé VARGAS LLOSA MERECE EL NOBEL...No se le otorgó. Fue una injusticia.

El gran novelista peruano merecía ese galardón desde hacía muchos años.

Alumno aventajado de Flaubert, el grande narrador del siglo XIX; y de dos maestros del siglo XX: Faulkner y Dos Passos, en estos últimos, también reconoce influencia García Márquez.

LA CIUDAD Y LOS PERROS, CONVERSACIÓN EN LA CATEDRAL, ELOGIO DE LA MADRASTRA, LA FIESTA DEL CHIVO y muchas obras suyas nos cuentan la epopeya de la Latinoamérica tocada por la espuma oscura de las dictaduras, de la injusticia, y también de la realidad viva de las diferentes existencias humanas...

Es un MAESTRO y qué MAESTRO.

Como alguien dijo tras este Nobel...No ganó VARGAS LLOSA, el Nobel ganó con VARGAS LLOSA.

En el fondo de sus tumbas han de aplaudir Vallejo, Neruda, la tierna Mistral y todos aquellos líderes de la palabra bella en lengua española del siglo concluido hace una década.

El Perú ha de estar de fiesta.

Mario Vargas Llosa es un genio y el Nobel un producto añadido a ese genio.

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