3 dic. 2009

KROPOTKIN Y SU PARECER FRENTE A LA VIOLENCIA REVOLUCIONARIA


La columna de José G. Martínez Fernández.


El que fuera príncipe ruso, el intelectual, el ideólogo moderado del pensamiento libertario, Pietr Kropotkin (1842-1921), es autor de obras que descabezan el sentido de autoridad, con enorme fuerza, tanto que se le considera la figura libertaria intelectual más trascendente de finales del siglo XIX.

Kropotkin fue, sin embargo, contrario a las acciones de anarquistas que sembraban el terror en forma indiscriminada. De allí su crítica al francés Ravachol -Francois Koenigstein-, autor de dos atentados con bombas a comienzos de 1892, por lo que fue enjuiciado y ejecutado en la guillotina, ese mismo año.

Ravachol tenía treinta y tres años al morir. Algo que entre los cercanos al cristianismo anárquico representaba una peculiaridad.

Lo mismo ocurrió con un español, Santiago Salvador, quien lanzó dos bombas en el Teatro del Liceo en Barcelona. Allí murieron veinte personas.

Salvador señaló que realizó este acto para vengar la muerte de su amigo Paulino Pallás, quien, poco tiempo antes, tiró una bomba contra el general Martínez Campos, bomba que no mató a éste, sino que a seis de sus acompañantes, entre ellos a un soldado y al caballo del militar.

También tenía 33 años al ser ejecutado. La misma edad de un tío suyo que se voló los sesos señalando: "Cristo sólo vivió 33 años. ¿Por qué voy a vivir yo más?".

Kropotkin rechazó estos hechos y se preocupó de apoyar las instituciones basadas en la cooperación voluntaria y en la igualdad. Creyó que mediante esos medios, la sociedad podía ser cambiada para hacerla mejor.

Pero esta propuesta del ruso no era del gusto de muchos anarquistas que la consideraban más intelectual y utópica. Estos decían que si la autoridad era opresora y sin sentido, todo medio era válido para su destrucción.

Kropotkin, sin embargo, no podía apartarse del todo del predicamento de Bakunin, quien había sembrado la semilla de que, cómo todo gobierno era ilegal, debía existir férrea oposición, violenta respuesta.

Muchos anarquistas, que no concordaban con el predicamento de Kropotkin, en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX, realizaron atentados de diversa índole, provocaron un reguero de sangre entre autoridades diversas, cayendo víctimas de ellos figuras como el presidente Carnot de Francia, el rey Humberto de Italia y el Presidente William Mac Kinley de Estados Unidos.

Ellos representaban enormes fuerzas en el mundo y los anarquistas apuntaban a terminar con toda forma de poder: ¿Qué mejor, entonces, que destruir la base misma de ese poder? Si el gobierno existía era por la violencia y en ella tenía el apoyo de la iglesia, el capital, la propiedad privada y todo esto era protegido por las leyes y la policía. De allí que sus blancos de ataque fueran estas fuentes.

Ravachol que, como señalamos, realizó sus atentados un poco antes que fueran asesinados los gobernantes ya citados, aunque fue criticado duramente por Kropotkin, se ganó el aplauso de publicaciones radicales del anarquismo. También existieron poetas y músicos que cantaron en su honor, casi clandestinamente.

Sin embargo esa violencia fue discutida fuertemente por los propios anarquistas, cuya mayoría consideraba a los terroristas como figuras marginales, aisladas, en el límite de los movimientos revolucionarios.

Era la violencia la que hacía, como siempre, noticia en los medios de comunicación, que, obviamente, defendían al aparato que les ayudaba a sobrevivir, como ocurre hoy también, y el rico pensamiento de los maestros libertarios sufría la pesadilla de un casi olvido, más aún cuando debía enfrentar a otro opositor poderoso: el marxismo.

Es interesante considerar que en el pensamiento de Kropotkin está el origen del individualismo inflexible y del sindicalismo incisivo (anarcosindicalismo). En Kropotkin está también la idea del ecologismo (a través del discurso naturalista),

hoy tan en boga.


Ravachol cometió atentados en lugares en que vivía gente de buena posición económica, lo que representaba para él una forma de poder: el capital que daba origen al mal mayor: el Estado.

Pero, como señalamos, los pensadores anarquistas de su tiempo, en especial Kropotkin, se oponían a esta suerte de terrorismo que, entendía, no rompía los fundamentos principales de la sociedad capitalista.

Bertrand Russell da una mejor explicación sobre este asunto:
"Los anarquistas, así como los socialistas, generalmente tienen fe en la doctrina de la lucha de clases, y si se sirven de las bombas es del mismo modo que los gobiernos se sirven de la guerra; por cada una de las bombas fabricadas por un anarquista se fabrican por los gobiernos muchos millones de bombas, y para cada uno de los hombres muertos por la violencia anarquista mueren muchos millones por la violencia de los Estados".

(Texto perteneciente al libro: ¡ANARQUISTAS! SUS HOMBRES, SUS IDEAS, SUS LUCHAS, aún inédito, de José G. Martínez Fernández).

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