26 jul. 2009

“Mónica actuó a petición del gobierno militar” (Luis Correa Bulo confirma presiones de la dictadura para salvar a Piñera)


En entrevista exclusiva con LND, Correa Bulo no sólo ratifica con más detalles la llamada de la sobrina de Pinochet a favor de Sebastián Piñera, sino que también dice haber sido presionado por senadores de la UDI para favorecer al mismísimo dictador.


La Nación Domingo
26/07/2009


Una docena de periodistas se agolparon el viernes frente a la casa del ex ministro Luis Correa Bulo (75), en Ñuñoa, para intentar obtener una confirmación o un desmentido.

La ex ministra de Justicia de la dictadura Mónica Madariaga había reconocido días antes que presionó indebidamente al magistrado, en 1982, para intentar frenar el proceso en contra de Sebastián Piñera.

Por esos tiempos, el candidato presidencial de la Alianza, huía de la justicia, acorralado por el juez que lo había sometido a proceso y dictado una orden de captura en su contra por infracción a la Ley General de Bancos, en la quiebra del Banco de Talca.

El tiempo pareciera estarle dando la razón a este viejo juez que fue pieza fundamental a finales de la década de 1990 -como presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema- para reabrir todas las investigaciones por violaciones de los derechos humanos.

No por nada, Correa Bulo debió enfrentar una acusación constitucional, que fue rechazada en la Cámara de Diputados, y cargos por irregularidades en la Corte Suprema que fueron levantados en una instancia -la Comisión de Ética- que lo llevaron a ser expulsado mediante un procedimiento que hoy está siendo analizado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Fuera del Poder Judicial, Luis Correa Bulo ha vivido años de mucho trabajo, pese a su edad: es profesor de Derecho Procesal en la Universidad Central, juez árbitro y da charlas de vez en cuando sobre Derecho Internacional Humanitario.

En entrevista exclusiva con LND, Correa Bulo no sólo ratifica con más detalles la llamada de la sobrina de Pinochet a favor de Sebastián Piñera, sino que también dice haber sido presionado por senadores de la UDI para favorecer al mismísimo dictador.

"Mire, he decidido hablar porque es de público conocimiento la información que ha salido en todos los medios de la ex ministra de Justicia, doña Mónica Madariaga. Ella manifestó haber intervenido a favor del señor Sebastián Piñera, ante este juez", se excusa de entrada el ex integrante de la Corte de Apelaciones, Luis Correa Bulo.


-¿Y eso es efectivo?
-Sí, desde luego, se trata de una ministra de Justicia que no tiene algún ánimo de mentir o faltar a la verdad.

-¿Qué tipo de presión ejerció?
-Yo tenía muy buenas relaciones con doña Mónica. Nos encontrábamos en inauguraciones o incluso en tiempos que trabajaba en La Serena. A mí no me pareció nada raro esto, que intercediera por el señor Piñera. Me manifestó que no lo hacía tanto por ella, sino por el hermano (José Piñera, ministro del Trabajo y Minería de la dictadura) y porque estaban preocupados por la forma en cómo se estaba llevando el proceso.

-¿Qué le pide concretamente?
-No recuerdo las palabras textuales. Pero entendí que el sentido de lo que pedía era que no se le molestara.

-¿Usted cree que le estaban enviando un mensaje que venía de un ámbito mayor a la ministra de Justicia, Mónica Madariaga?
-Porque conozco a Mónica y la forma en que lo expresó, ella no lo hacía a título personal sino que a nombre del gobierno. Por lo menos así lo entendí yo.

-¿Ella habla sólo por Piñera, o por algún otro procesado?
-No, sólo por Sebastián Piñera. Manifestó que había una preocupación enorme.

-¿Y cuál fue su respuesta?
-El sentido de mi respuesta fue que como toda persona en Chile, perfectamente podía hacer uso de sus derechos y que yo le aconsejaba que lo mejor era que se presentara voluntariamente, ya que existía orden de aprehensión. Le expliqué que yo tomaría en cuenta tanto los antecedentes procesales, como los antecedentes personales para resolver sobre su libertad, que era perfectamente factible que pudiera pedirla. También le expliqué que la libertad no dependía de mí, sino que dependía de la Corte de Apelaciones que era mi superior jerárquico.

-Aunque usted le diera la libertad, por el tipo de delito ¿debía ir en consulta?
-Exacto. Porque honradamente un auto de procesamiento no se baja por un recurso de amparo.

-¿Cómo tomó usted el hecho de que la ministra de Justicia acudiera a usted directamente, en nombre de la dictadura, y a favor de un procesado como Sebastián Piñera?
-Mire, tuve una sensación extraña. No me pareció raro, ya que durante mi carrera recibí varias presiones de este tipo.

-¿Qué impresión le causó que Piñera y otros ejecutivos se dieran a la fuga?
-En mi fuero interno, quedé con una sensación de impotencia. Porque veía que de alguna forma se estaba cercenando la independencia de los magistrados.

-Ellos recurrieron de amparo, una estrategia que hoy no se estila
-Sí, fue rechazado por la Corte de Apelaciones y acogido por la Corte Suprema. Creo que el hecho de que hayan recurrido de amparo fue una forma improcedente de impugnar mi trabajo.

-¿Por qué improcedente?
-Porque la resolución por la cual se encargaba reo al señor Piñera equivale a la formalización del nuevo sistema procesal penal. La forma que debieron ocupar es el recurso de apelación. El auto de procesamiento no implica una condena, sino que, al contrario, se le manifiesta a una persona que existen antecedentes graves y precisos en contra de ella y que tiene la facultad para defenderse dentro del juicio. Si la persona se considera inocente, de esta forma ocupa todos los argumentos que tenga a la mano para convencer al magistrado de que estaba equivocado. Pero al recurrir de amparo, impide toda posibilidad de seguir investigándolo.

-¿Por qué?
-Porque el recurso de amparo viene a impugnar la legalidad con la cual se dicta la orden de detención del señor Piñera, y no los argumentos por los cuales se lo estaba encargando reo.

-¿Qué impresión le causó que la Corte Suprema, al acoger el recurso de amparo, señalara que no había suficientes antecedentes?
-Uno no puede rebelarse en contra de los superiores jerárquicos.

-¿Qué pasa desde ese momento con la investigación?
-Me centré en personas con menor responsabilidad. Hoy día, efectivamente, la Corte Suprema no acoge recursos de amparo para impugnar este tipo de procesamientos.

-Durante su carrera, ¿recibió más presiones?
-La que fue notoria, se dio cuando dos senadores de la UDI fueron a la Corte Suprema, cuando yo era ministro, para interceder por el señor Augusto Pinochet.

-¿Hubo testigos de ese encuentro?
-Fue en horas de atención al público.

-¿Cuál fue el argumento de ellos para solicitarle esto?
-El que tienen todos lo que acuden de esta forma: su preocupación.

-¿Le pidieron algo en concreto?
-Por supuesto, que no molestara más al general Pinochet.

-¿Fue a modo de amenaza?
-Tómelo como quiera.

-¿Cuál fue su respuesta?
-Que era absolutamente improcedente.

-Parece que este tipo de presiones que recibió fueron una constante en su carrera.
-Para bien o para mal mío, no solamente sucedió en estos casos. Porque yo asumí la abogacía siendo muy joven, a los 25 años de edad. Cuando llegué a la Corte fui dirigente gremial, vicepresidente de la Asociación de Magistrados. Para mí es muy lindo administrar justicia como se debe administrar y cuando llegué a la Corte Suprema fue con todos estos ideales.

-¿Le tocó ver casos polémicos en su carrera?
-Sí, por ejemplo, durante la dictadura me tocó ver el caso de Gastón Vidaurrázaga del MIR, que había sido detenido ilegalmente. Me tocó revisar el amparo cuando era presidente de sala en la Corte de Apelaciones de Santiago y me apersoné en el centro clandestino donde estaba detenido, y así salió libre y ese centro dejó de ser clandestino.

-Dentro de su carrera, cuando llega la democracia usted era el presidente de la Sala Penal de la Corte Suprema.
-Cuando llegué ahí, se comenzaron a abrir todos los juicios de detenidos desaparecidos que se encontraba archivados.

-¿Cuál fue su papel en eso?
-Lo primero fue acoger la teoría del secuestro calificado y después iniciar una amplia investigación respecto de cada caso. Eso permitió reabrir las causas. Fui el primero también en decir que los delitos de lesa humanidad eran imprescriptibles e inamnistiables. Luego se comenzó a aplicar.

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