30 jun. 2009

VICTIMARIO DE CALAMA: “ANIMITA”

La Columna de José G. Martínez Fernández.

Gabriel Hernández Anderson fue fusilado en 1982. Está sepultado en Arica. Primero permaneció en un nicho de un cuartel colectivo, hoy está en el mausoleo familiar.
Allí hay varias inscripciones que lo catapultan como “animita”.

En 1983 investigué bastante para mi libro “Calama: el crimen del siglo”, el que sólo pude publicar ocho años más tarde, debido a diversos hostigamientos de los aparatos de seguridad de la dictadura.

En efecto el original “Calama: el crimen del siglo” fue un rehén más en manos de agentes de los aparatos de inteligencia, sufriendo sustracciones de fotografías, cartas y otros documentos importantes; algunos de los cuales, por suerte, tenían copias, que se integraron al libro.

Entre quienes entrevisté para el mismo estuvo el padre de Hernández, abogado de igual nombre que su hijo. Él fue quien luchó en tribunales por Gabriel y sus cómplices. Lucha inútil porque, perdido el caso, Hernández y su mano derecha, Villanueva, fueron fusilados en Calama el 22 de octubre de 1982.

¿Razones de la condena? Secuestro y asesinato de dos bancarios, luego de sustraer una cantidad de dinero que superaba el millón de dólares de Banco del Estado de Chuquicamata, hechos ocurridos a comienzos de 1981.

Hoy, cuando recorro el cementerio municipal de Arica, encuentro allí el mausoleo de los Hernández Anderson y en el mismo placas pequeñas que agradecen a Gabriel algún hecho milagroso.

Antes Gabriel Hernández Anderson estuvo sepultado en un nicho de un cuartel del mismo cementerio, al igual como su cómplice Villanueva.

Muchos favores ha concedido el brutal victimario de los bancarios, según el mito popular.

“Gracias Gabrielito por favor concedido”, “Gracias por salvar a mi hijo Manuel” son inscripciones de dos de varias placas, algunas que ya son ilegibles.

Peculiar comportamiento de nuestro pueblo –y de todos los pueblos- el victimizar al victimario…Un comportamiento, obviamente, que no es genérico.

También las víctimas –Martínez y Yáñez- son “animitas” para mucha gente.

Contrapuntos de personas que buscan el propio o cercano bien a través de ciertas solicitudes, razones que este articulista no entiende, pero que mucho respeta.

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