16 ago. 2010

ANDACOLLO: Reviviendo un accidente con final feliz (Mina Flor de Té)


Cuando el jueves 5 de agosto se supo la noticia de que en Copiapó varios mineros habían quedado atrampados al interior de la mina “San José” no fueron pocos en la región los que recordaron un episodio similar ocurrido en 1964 en que 7 personas fueron rescatadas con éxito. Este hecho, incluso, ha sido catalogado como un antecedente de que, a pesar de lo difícil que parezca, siempre hay una esperanza.


DIARIO EL DÍA
Daniela Guajardo
La Serena

Poco más de una semana atrás una tragedia remeció al país. Tras un derrumbe en la mina “San José”, 33 mineros permanecen atrampados a 700 metros de profundidad. La noticia ha mantenido atentos a todos en Chile, esperando que los trabajadores sean rescatados con vida.

Hace 46 años se registró en la región un hecho de similares características, pero que, afortunadamente, tuvo un final feliz. En esa oportunidad, el 19 de febrero de 1964, siete mineros quedaron bajo los escombros de la mina “Flor de Té”, del sector El Culebrón de Andacollo. Alfredo Román Polanco y Juan Rodríguez Cortés, fueron salvados a los tres días, mientras que Fernando Castillo, Víctor Castillo, Orlando Flores, Américo Méndez y Norberto Castillo estuvieron durante siete días sin ver la luz del día ni a los suyos, los que, como ocurre actualmente en Atacama, pasaron horas de angustia mientras se realizaban esfuerzos para sacarlos del lugar.

Hoy dos protagonistas de este hecho que conmovió a la región y reviven la experiencia y nos cuentan cómo vivieron esos momentos.

Ha transcurrido casi medio siglo y Víctor Castillo todavía guarda intactos los recuerdos de ese instante que marcó su vida. Ahora ya pasado el tiempo vuelve atrás y lo primero que se le viene a la mente son las sensaciones del encierro. “Lo que más sentíamos era la humedad del terreno, porque no sentíamos ni hambre ni sed, porque era muy helado abajo, hay agua y barro”, indica.

Señala que lo que sintieron al momento del derrumbe fue algo similar a un temblor, que trataron de escapar, pero ya estaba todo asentado. “Estábamos libres, ninguno enterrado, nos dimos cuenta que no teníamos pasada para el pique “Flor de Té”, caminamos más o menos como 50 metros para pasar al otro pique y por ahí fue por donde nos sacaron”, precisa.

Asegura que los primeros tres días fueron los más complicados y a pesar de que dice que mantenían la calma y conversaban, a veces aparecía el nerviosismo. “No teníamos comida ni contacto con nadie”, agrega.

COMIENZA EL RESCATE. A las 14:45 todo se derrumbó, de ahí en adelante comenzaron las incesantes labores de rescate. Al lugar también llegó la prensa que tal como en la “San José” de Atacama se mantuvo expectante para ver el desenlace. Ellos tuvieron la importante misión de mantener al tanto a los ciudadanos y a pesar de que las tecnologías no eran las de ahora la función se cumplió y se cumplió bien.

Uno de los primeros en llegar al lugar de los hechos fue Alejandro Pino Uribe, periodista de Radio Minería en esa época, quien llegó el mismo día y quien cuenta que su amistad con el dueño del pique le permitió tener una ubicación privilegiada, pues fue al único medio que le permitieron bajar.

“Lo más que impresionaba era que uno sentía a los mineros golpear las rocas con piedras, pero al interior se propagan las ondas por todas partes entonces no se sabía si estaban más arriba o abajo, estábamos en un pique de 90 metros de profundidad”, cuenta.

¿CÓMO SACARLOS?. De ahí en más los esfuerzos se centraron en ubicar el lugar exacto donde se hallaban. “Un ingeniero mirando unos planos muy antiguos, creo que era de apellido Moraga y Abel Peralta conocían bastante bien la zona, e indicaron dónde había que perforar”, explica el ex reportero de Minería.

Una vez que ubicaron el caserón decidieron iniciar una galería, hicieron una perforación que duró un par de días hasta que por fin se les encontró.

Desde adentro, los desafortunados trabajadores esperaban expectantes que se concretaran los trabajos. “Rompieron con la perforadora. Ellos creían que estábamos a 23 metros, pero estábamos a 32 así que tuvieron que avanzar 9 metros más para poder llegar donde estábamos”.

En el pique “San José” en la actualidad están trabajando más de 200 personas, abocadas a perforar seis puntos del yacimiento. Además, se han utilizado en esta contingencia equipos de rescate de Bomberos de distintos cuerpos de la región, Gope, empresas mineras, KSAR Chile, cámaras térmicas y geófonos, tecnología de punta con la que no contaban en 1964.

Sin embargo, con los recursos existentes se hacía hasta lo imposible. “Se trajo una perforadora de Codelco que estaba en El Teniente, con una tecnología bastante anticuada y luego el ingeniero a cargo marcó el punto exacto donde había que perforar”, expresa Pino Uribe.

La primera alegría para los entonces habitantes de la comuna minera vino el sábado 22, día en que fueron sacados los dos primeros.

EL HISTÓRICO MICRÓFONO. Lo siguiente y más difícil era sacar a los 5 mineros restantes, o por lo menos tratar de hacerles llegar comida y abrigo. Una vez conseguida la perforación, la idea era poder entablar comunicación con ellos.

“Lo que hicimos fue tirar un micrófono y le pusimos una linterna encendida amarrada y con el cable lo deslizamos por la perforación que tenía unos 100 metros de profundidad hasta el lugar del caserón. Ellos relataron después que cuando vieron bajar la luz de la linterna lograron tomarla e incluso se pudieron comunicar con la patrulla de rescate que estaba en la superficie y esa conexión la hizo un reciente fallecido radiocontrolador de radio Minería que se llamaba Alfredo Morales Mansilla”, precisa el comunicador.

Este fue un hecho que marcó ese rescate, pues Morales soldó los cables del micrófono a un amplificador de una radio. Ya eran escuchados. “Mi familia estaba esperando afuera desde el primer día, nos pasaron el micrófono y arriba tenían parlantes para que escuchara toda la gente”, recuerda Castillo, mientras afuera el júbilo era el protagonista y se pensaba que los rezos de todos esos días habían sido oídos. Asimismo, pudieron hacerles llegar comida.

Esa es precisamente una de las preocupaciones en el norte. Tras el accidente se supo que en el sector donde se encuentran atrampados los 33 mineros habría un refugio, que cuenta con los elementos básicos para mantener con vida a un grupo de personas, entre ellos oxígeno, alimento y abrigo, sin embargo, al pasar los días la situación se vuelve más difícil.

TRISTE COINCIDENCIA. En 1964 surgieron críticas a los estamentos fiscalizadores, pues meses antes esta mina había sido clausurada en sus funciones por no cumplir con la norma de seguridad, situación que tristemente se replica en la mina “San José”, que ya había sido clausurada por Sernageomin el 2007 tras dos accidentes menos graves que se habían registrado. Empero, reabrió en 2008 por razones que se están investigando.

Son casi 50 años de diferencia entre estos dos acontecimientos, sin embargo, en ambos queda de manifiesto que a pesar del paso del tiempo y aún cuando Chile se ha transformado con los años en potencia minera estos hechos se siguen reiterando.

Varios medios nacionales han consignado la historia del accidente en “Flor de Té”, principalmente porque se presentaba como un antecedente “feliz” de que a pesar de las dificultades cabe la posibilidad de que tras un derrumbe y después de varios días los mineros puedan ser salvados con vida. Es de esperar que esto sea así y que a pesar de que cada día que pasa la situación se complica “la fe mueve montañas” y, por qué no, las oraciones en todo el país puedan lograr mover el cerro que los cubre.

SEPTIMO DIA. A las 5:25 de la madrugada del martes 25 de febrero salió el primero de los rescatados desatando las celebraciones de los presentes. Después uno a uno los cuatro restantes fueron sacados y trasladados hasta el hospital de Andacollo.

“Cuando nos rescataron nos sacaron vendados en una camilla y nos trasladaron al hospital de Andacollo y después nos llevaron a La Serena. Ninguno de los cinco teníamos heridas, ni un rasguño, estuvimos en el hospital como dos semanas”, rememora Víctor Castillo.

Horas antes de este episodio, Alejandro Pino Uribe había sufrido una descompensación, pues recibían en el cuerpo los embates de haber estado tantos días sin dormir, tras lo cual también debió ser llevado hasta el nosocomio de la ciudad.

Mientras eso sucedía, lo que había esperado tanto tiempo se había concretado con éxito. No obstante, cuenta que al final eso le sirvió para ser el único en transmitir desde adentro del recinto de salud. “Los carabineros cercaron el hospital y no dejaron entrar a ningún periodista, pero como yo estaba internado y tenía un micrófono fui el único que transmitió la llegada de ellos y recogí sus primeras impresiones”.

1 comentario:

  1. Un comentario para recordarle al sr Pino que la persona a cargo de las operaciones de rescate fue Don Eduardo Figueroa

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